A mi Estrellita

domingo, febrero 05, 2006

Dulce presión...

Nuevamente siento esta opresión en mi pecho, golpeandome el corazón…abro los ojos, pero solo veo oscuridad, el manto de la noche que se escurre por mi ventana, por las paredes, por todos lados de esta habitación y no puedo moverme. Sólo sé que tengo mi cama que me sostiene, mientras la presión sigue ahí, comprimiendome. Cierro los ojos, respiro muy despacio y así, empiezo a ver imágenes que vienen, como mariposas nocturnas hacia la luz, a mi mente…

Veo una mujer, sí, esa mujer que desde que la conocí, fue como el agua de una llave que fue llenando el vaso de mi alma, y que en cada sorbo, fue saciando mi sed. Ahí esta, con sus ojos de estrella, su pelo ondulado, como los campos recien arados, listo para que mis manos comiencen a sembrar caricias en cada surco que existe entre ellos. Pasan rápido sonrisas, lágrimas, rabias y euforias, noches de tanta fuerza y locura, como aquellas de total suavidad y calma. Y quedan sus ojos mirandome, tan profunda y firmemente, como si de ellos surgiera una linea ferrea de donde sale el tren lleno de ella desde la estación de su alma, hasta la estación del alma mía. Siempre fue tan fácil para ella desnudarme con solo una mirada, y desarmarme con una sonrisa…siempre. Y es sorprendente como ella, como un madero, aumentaba mi fuego de querer hacer tanto por ella, quizás no algo sobrehumano, no algo sobrenatural, solo cosas sencillas, detalles: el deseo de querer cantarle, aun cuando mi voz no era un trino de pajaros, contarle un cuento cada noche, aun cuando no fuera una infante ella ni yo un contador de historias…y sobre todo, la necesidad de estar junto a ella, abrazarnos, besarnos, amarnos tan solo de la manera única que existe entre dos corazones que se aman así sin más…

Se disipan las imágenes, y vuelve el recuerdo, latente, de esa opresión en mi pecho. Respiro despacio, aun no puedo mover uno de mis brazos; sigue la oscuridad envolviendo todo, como un regalo es envuelto por un papel. Me doy cuenta que puedo mover el otro, así es como lo levanto y lo llevo a mi pecho, en el lugar de aquel peso que me presiona. Sí, ahí esta…ahí esta aquella opresión, aquel peso, que no pesa en realidad. Esta ella ahí, reposando…es la opresión más dulce que un hombre puede sentir: el de tener a su amada durmiendo junto y sobre èl. Abre sus ojos y me dice: “¿pasa algo, amor?”. “Nada”, le contesto, “nada más que la felicidad de que tú estes en el lugar que te corresponde, cerca de mi corazón”. Me sonrie, me da un beso queme sabe a miel y vuelve a ese lugar, a ser esa opresión en mi pecho, donde a punta de caricias en su cabello, vuelve a dormir…y siempre pienso algo: no quiero que jamás me falte aquella presión que es ella apretando mi corazón, atandolo con los lazos del amor…


Dedicado a la mujer que más que en mi pecho, vive en mi interior…
a esa Estrella que brilla en un cielo dentro del alma de un hombre

1 Comments:

  • At 9:14 a. m., Blogger Marcela said…

    A medida que voy leyendo estas líneas, me doy cuenta que sólo yo puedo entender el significado de lo que dices....lo que es descansar en aquel lugar que te tienen reservado en forma exclusiva, en un lugar que no quisieras compartir jamás con nadie...quizá sí, invertir los roles de vez en cuando, o sea ser yo quien te cobije así , según sea necesario....momentos que son únicos....que sólo quien los comparte sabe de qué se trata, qué se siente....

     

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